2 de junio de 2011 8:49
Por Jack Rico
3.5 estrellas sobre 5
3.5 estrellas sobre 5
Los primeros diez minutos del film independiente "Beginners", protagonizado por Ewan McGregor, tienen que ser de los más encantadores del cine de 2011. El diálogo, los personajes carismáticos e imperfectos, el humor cáustico y mordaz forman parte de una experiencia memorable. El drama y la melancolía que le sigue ya es una conversación completamente aparte.
La premisa de esta "dramedia" gira entorno a Oliver (Ewan McGregor), quien pierde a su padre de 75 años (Christopher Plummer) al cáncer. Pero, antes de morirse, le confiesa a su hijo que es gay. Su mundo se pone al revés y su vida amorosa se complica aún más al conocer a una irreverente e impredecible mujer llamada Anna (Mélanie Laurent, de "Inglourious Basterds"). Eventualmente, Oliver intenta encontrar en ella la inspiración para sobrepasar sus más profundas tristezas.
El director y guionista de la película es Mike Mills y el argumento susodicho es la de su propia vida. Bueno, para ser justo, es la de su vida mezclada con un poco de ficción. Su razón de hacer la cinta es para mostrar que la vida se hizo para disfrutarla sin importar la edad, el sexo o lo complicada que ésta sea. La felicidad es el objetivo final.
Para llevar acabo esta autobiográfica tarea cinematográfica, Mills empleó los servicios del actor escocés Ewan McGregor. Logró capturar las inseguridades del director y su miedo a comprometerse al amor. Plummer interpreta a su padre, quien dio una excelente actuación crédula y candorosa. Laurent brilla en la pantalla como la novia ocasional del personaje de McGregor. Debo confesar que su trabajo fue más que brillante. Fue seductor, también, ya que muchos hombres, y hasta mujeres, se verán atraídos al espíritu tan efusivo y vertiginoso de su personaje Anna.
"Beginners" tiene sus momentos mágicos donde alcanza casi la perfección al comienzo y al final. El centro, es decir, el segundo acto, es donde radica el problema. Aquí, el filme se vuelve lento y largo, recargado con una pesadumbre densa sin escape. El tono brioso con el que inició la cinta pasa a ser solemne y grave, casi hasta el desenlace final.
Mi queja constructiva, por decirlo así, es que Mills debió estar consciente que lo mejor del film no fue su drama pesado sino su drama diluido con su humor cáustico. Películas deprimentes son difíciles de ver, con excepción de algunas obras maestras como "Mar Adentro", de Alejandro Amenábar, "Precious", de Lee Daniels o "Biutiful", de Alejandro González Iñárritu. Pero esas excepciones son pocas. Entrelazar y experimentar la aflicción con un humor astuto durante todo un film es una decisión sabia, no sólo para un director casi novato sino también para un cinéfilo en busca de una pequeña joya que de seguro lo conmoverá de una manera u otra.

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